30 julio, 2019 Carles Vall

Mercados de barrio que se reinventan gracias a las naves desmontables

Los mercados de barrio tradicionales han sufrido como el que más con el cambio en los hábitos de consumo.

El envejecimiento de la población y la aparición de las grandes superficies comerciales, las ventas online y la entrega a domicilio.
Sin embargo, su crisis funcional ha abierto una nueva ventana de oportunidades para estos espacios de gran valor urbanístico, arquitectónico y social que, ahora, se convierten, poco a poco, en espacios polivalentes con una amplia oferta de servicios renovados: puestos de comida gourmet, bares, floristerías, joyerías, alquiler de bicicletas e, incluso, espectáculos.

Pero readaptar estos edificios para albergar los nuevos servicios, manteniendo su valor arquitectónico, y añadiendo comodidad y modernidad, requiere de varios meses de reforma en los que el mercado queda totalmente inutilizado.
¿Puede un mercado sobrevivir a un cierre de dos años de duración? ¿Qué pasa con todos esos pequeños comerciantes que dependen de la actividad de sus puestos?


La solución viene de la mano de las naves industriales desmontables que ya han entrado a formar parte de nuestro día a día, en numerosas ciudades españolas.

Se construyen en cuestión de días y permiten mantener la actividad de los mercados mientas éstos son remodelados, ampliados o reconstruidos desde cero. L’Albaceria de Barcelona o el Mercado Central de Zaragoza son solo dos ejemplos de la proliferación de estas estructuras provisionales en nuestros barrios.

Y cumplen sobradamente con las expectativas.

Son recintos seguros, flexibles y modulares que ofrecen comodidad de uso y acceso, y en los que se optimiza hasta el último metro cuadrado.
Mucho más que eso. Son construcciones que cumplen con toda la normativa vigente, cubren todas las necesidades de las diferentes actividades económicas que se deben desarrollar en su interior, aíslan del ruido, el frío y el calor, evitan la condensación y los malos olores, son higiénicos y, además, ofrecen un sinfín de posibilidades estéticas que permiten convertir estas naves desmontables en hermosos elementos urbanos que decoran la calle, y a los paseos por sus interiores en auténticas experiencias para los usuarios.

Pueden ser espacios opacos equipados con impresionantes instalaciones de luz. O pueden ser recintos de paredes transparentes que permiten fusionar su interior lleno de vida con la actividad y el ajetreo de la ciudad. O, simplemente, mercados amplios y diáfanos en los que realizar la compra de manera fácil y rápida. Todo es posible con los pabellones desmontables semipermanentes.

En Grup Vall colaboramos y seguiremos colaborando con barrios y municipios de todo el país para mantener la actividad de sus mercados en periodos de renovación o ampliación, aportando impresionantes, eficientes y económicas construcciones desmontables, capaces de hacer justicia a los edificios a los que sustituyen… por el tiempo que sea necesario.