2 enero, 2019 vall

La adaptación una nueva filosofía constructiva

Bien es sabido que los últimos cambios socioculturales advenidos con la entrada del nuevo milenio ponen encima de la mesa la necesidad de adaptarnos al contexto en el que vivimos y a los retos que se nos proponen. Por ello, en una era en la que todo cambia, en la que todo está en constante movimiento, se ensalza más que nunca el valor de la adaptación.

La globalización ha dejado clara la disipación de las fronteras y la necesidad de apostar por una visión global de las acciones humanas. Con ello las artes y técnicas como, en este caso, la ingeniería y la construcción han ido impregnándose de esta nueva filosofía y apostando firmemente por el valor de la adaptación.

Ahora bien, tratándose de estructuras y de construcción -eso que se presupone férreo, inamovible y asentado- podríamos hacernos una pregunta clave para entender este nuevo concepto ¿Cuál es la estructura que más resiste a los nuevos y también viejos tiempos?

Piénsenlo, no se trata de la calidad de los materiales que se usan, ni de ecuaciones de ingeniería, no. La estructura que más resiste es la adaptación, es aquella que mejor se adapta a cualquier terreno, circunstancia o necesidad. En este sentido, desde hace décadas la arquitectura ha dado a luz nuevos conceptos como la arquitectura bioclimática, la arquitectura oscilante contra seísmos, la arquitectura modular, etc., que hacen de la versatilidad y adaptación al entorno y necesidades, su mayor fuerte contra los retos que imponen tanto las nuevas formas de vida como la misma naturaleza.

 

Vall desde hace treinta años ha estado ahí acompañando el ritmo que imponían los nuevos tiempos haciendo de lo que parecían límites, horizontes. Gracias a las estructuras industriales desmontables, un concepto rompedor y moderno, hemos apostado claramente por ofrecer soluciones a las demandas de un mercado futuro que pasara por la eficiencia y versatilidad sin renunciar a la seguridad y calidad de los productos poniendo en valor las necesidades del cliente y ofreciendo respuestas a esas necesidades de espacio basadas en el razonamiento y sentido común.

Porque los cambios advenidos recientemente vienen a confirmar que la mente humana es tan extensa como retos logre superar y que de las barreras hay que hacer espacios en los que volver a crear, volver a pensar. En Vall, todo un equipo humano, desde los técnicos, administrativos a los ingenieros y operarios, juegan con el espacio mediante la adaptación, creando nuevas estructuras ayudando a que los clientes encuentren su lugar y razón de ser.

Esta nueva filosofía constructiva más que ser una innovación vanguardista trata de poner sentido común y lógica a los requisitos tanto ambientales, como económicos o de espacio. Es el nuevo ritmo de un mercado cada vez más incierto pero al que se le suman nuevos valores que potencian y ensalzan la capacidad de adaptación del ser humano.